BUSCAR LO OLVIDADO
Kurt caminaba por un terreno yermo y
baldío, envuelto en húmedas nieblas fantasmales que se cerraban
sobre él y se adherían a su piel como si se tratase de manos
espectrales que intentaban atraparlo con sus dedos ganchudos y
pegajosos. Andaba encorvado, con dificultad casi arrastrándose, con
sus últimas fuerzas. No recordaba nada y había perdido la noción
del tiempo, pero su instinto le decía que no debía parar. Cuando
ya creía que llegaba su final sintió unos perros e intentó seguir
el sonido. Al cabo de unos minutos eternos, llegó aquel lugar. Solo
pudo ver una casa en medio de la nada que se desplomó.
Los días siguientes fue abriendo y
cerrando los ojos.
Alguien lo cuidaba. Al cabo de una semana consiguió despertar al fin
y saber que había llegado una noche a una masía en una montaña.
Los amos de la casa, lo vieron, lo recogieron y cuidaron. Kurt, sin
embargo, seguía sin recordar nada.
Se puso a trabajar en la masía
mientras se recuperaba para poder tener un techo y
comida. Iban pasando
los días e iba recordando algunas cosas. Primero fueron imágenes
que le venían a la cabeza al ver algunos objetos o sentir una olor.
Kurt prestaba mucha atención y iba empezando a atar cabos.
Hasta que una mañana decidió irse y
buscar su verdadero lugar. Así fue como aquel día preparó lo
necesario y se fue. Estuvo viajando mucho hasta que sus recuerdos le
llevaron a una ciudad en la que reconoció la casa que salía en
sueños en una foto de una inmobiliaria. Después de preguntar mucho
logró saber que la familia que había vivido allí se había mudado.
Semanas después, encontró la casa y
reconoció la familia de sus sueños. Su mujer e hijos se alegraron
muchísimo de verlo. Lo habían dado por perdido hacia ya 3 meses
cuando en un viaje de trabajo
lo habían secuestrado. A pesar que haber llegado a casa. Kurt no
logró recuperarse pero se quedó con ellos hasta su final.