TETRALIZACIÓN
CAPÍTULO 2
LUZ EN LAS TINIEBLAS
(Lejos de Mannawinard y de las dumas,
entre altísimas y escarpadas montañas, se encuentra Keylo está entrenando en el
círculo de entrenamiento cuando llega una de las hermanas)
KEYLO: (contrariada) ¿Qué haces aquí?
Podía haberte hecho daño. He dicho muchas veces que…
HERMANA: Que no te gusta que te
interrumpan cuando entrenas, sí, ya lo sé, Keylo. Pero es importante. La madre
Blanca ha dicho que quiere hablan contigo, Keylo. Cuanto antes.
KEYLO: (lade la cabeza, sorprendida) Qué
raro, no he oído su llamada…
HERMANA: Eso es porque se encuentra muy
débil. Ha tenido una visión. Tara le ha hablado en sueños.
KEYLO: (muy sorprendida) Y ha dicho… que
quiere verme.
HERMANA: (asiente) Eso es, Keylo. Por
favor, date prisa.
KEYLO: Adelántate tú. Yo tengo que
despedirme de los espíritus.
(La hermana se va y Keylo después de
despedirse se levanta y abandona el círculo para dirigirse al tiemplo.)
(Entra nerviosa en la habitación de la
Madre Blanca)
MADRE BLACA: (silenciosamente) Siéntate,
Keylo.
(Keylo obedece)
MADRE BLANCA: Todavía guardo en la
memoria la imagen del día en que te recogimos de los Páramos, pequeña Keylo.
Eras apenas una niña cuando perdiste a tu familia en un ataque de un grupo de
mutantes. Tan pequeña que no puede recordarlo. Te criaste aquí, con nosotras,
pero nunca te obligamos a adoptar nuestro credo y nuestra forma de vida. Los
elegiste tú, libre y voluntariamente. Sin embargo siempre has tenido problemas
para adaptarte.
KEYLO: (extrañada) Pero…
MADRE BLANCA: (hace un gesto para que
calle) Tu fe en Tara es fuerte, pero tu sed de aventuras también lo es. Por eso
eres nuestra Hermana Guerrera, Keylo. Por eso te aceptaron los espíritus de las
montañas como alumna. Y por lo que me dicen, has aprendido bien.
(Recuperando el aliento) Vivimos en una
tierra hostil, pero tú has contribuido a que el camino hasta nuestro tiemplo
continúes oculto para las criaturas que no son amigas de Tara. Has explorado
los Páramos y te has enfrentado a sus habitantes con las manos desnudas. Pero
leo en tus ojos que no tienes bastante.
KEYLO: Madre
Blanca, yo…
MADRE BLANCA:
(con dulzura) No tienes que justificarte hija, tu hora a llegado. Recita el
Canto de Mannawinard, hija.
KEYLO: (respira
hondo) Fue en los días antiguos, antes de Mannawinard, cuando el hombre,
soberbio, destruía la tierra, envenenaba el aire, contaminaba el mar,
creyéndose señor y dueño de aquello que debía cuidar…
MADRE BLANCA:
(asintiendo) Esta es la historia de nuestro mundo. El Canto de Mannawinard fue
compuesto hace muchos años. Por entonces Mannawinard todavía era nuevo e inexplorado.
Fue entonces cuando oí por primera vez la llamada de Tara. Fue hace más de
doscientos años. Yo era una simple discípula en el Tiemplo de Tara en
Mannawinard.
(Keylo desvía
su mirada hacia el lienzo de la pared y la Madre Blanca lo advierte y le sonríe)
MADRE BLANCA:
Dicen que fue elegido con magia por los primeros moradores de Mannawinard. El
templo Primero no fue construido, sin embargo, para que nadie acudiese allí a
rezar ni a ofrecer sacrificios a Tara. El Templo fue construido para que
algunas personas que escuchaban a Tara con mayor claridad se reunieran y
hablasen con ella de una manera más directa y personal.
(Hace una
pequeña pausa y observa a Keylo callada)
MADRE BLANCA: (rememorando)
Yo elegí la vida del Templo por propia voluntad, igual que tú. Eso fue casi
ciento cuarenta años después de la formación de los Páramos. Por entonces el
arie de aquel lugar ya podía respirarse, gracias a la acción del enorme pulmón
verde de Mannawinard. Pero seguía siendo un sitio en el que no se podía vivir.
Hoy se pueden atravesar los Páramos, sin grandes riesgos, pero, aun así, nada o
casi nada puede crecer aquí…
KEYLO: (asiente
en voz baja) Lo sé.
MADRE BLANCA:
Entonces sabrás lo que fue para nosotras tener que establecernos en este lugar,
tan lejos de nuestro mundo natural, sin árboles, los animales, la vida de
Mannawinard.
KEYLO:
(murmurando) Puedo imaginarlo.
MADRE BLANCA:
Fue duro, sí, pero los espíritus de las montañas, hijos de Tara, supervivientes
de la destrucción urbanita, nos ayudaron, nos protegieron, nos guiaron… y la fuerza y la magia de Sowilo estaban con
nosotras.
(Keylo traga
saliva en oír la palabra Sowilo)
MADRE BLANCA:
(con voz muy floja) Y así fundamos nuestra pequeña orden; aunque no había sido
mi intención redactar un código ni unas normas de conducta, pronto comprendí,
que tan lejos de Mannawinard, resultaba difícil escuchar la voz de Tara si no
se “afinaba el oído”…
KEYLO: Lo sé,
Madre Blanca,
MADRE BLANCA:
(dudosa) Me parece que te estoy aburriendo con historias pasadas, hija…
KEYLO: Oh no,
Madre Blanca…
MADRE BLANCA:
Seguro que sí. Ya habrás escuchado esto alguna otra vez…
KEYLO:
(replicando y sintiendo lo que dice) Es nuestro pasado y no debemos olvidarlo.
MADRE BLANCA:
Las hermanas nunca salen de las montañas. Keylo, pero tú has ido más allá.
Sabes cómo están las cosas ahora. Las dumas se han desarrollado tanto que han
alcanzado una tecnología muy superior a la que poseía el ser humano antes de
Mannawinard; de vez en cuando el bosque ataca a las dumas, pero, en general,
las fronteras se mantienen estables, y los Páramos siguen siendo, igual que
hace trescientos años, un abismo entre ambos mundos. Algunos creen que es mejor
así, Keylo. Otros piensan que Mannawinard debería acabar de una vez por todas
con la amenaza que constituyen las dumas. ¿Qué opinas tú?
KEYLO: (cogida
por sorpresa) Yo… no lo sé. Nunca he estado en una duma. No sé si es un lujar
tan terrible como dicen. Tampoco sé si tienen poder suficiente como para
destruir una selva que ocupa casi toda la superficie seca del planeta. Y a
veces me pregunto si no merecen otra oportunidad, si no son simplemente sordos
a la voz de Tara y…. no sé… si ellos supieran…
(Keylo suspira
y a Madre Blanca la sigue mirando durante unos segundos)
MADRE BLANCA:
Lo supieron tiempo atrás, Keylo. Y no quisieron aceptarlo.
(Keylo baja la
cabeza)
MADRE BLANCA:
Pero puede que la madre Tara esté dispuesta a perdonar. Sabemos los errores de
esas enormes ciudades, hija. Conocemos a las criaturas mutantes creadas
artificialmente, queremos creer que por error; conocemos sus instintos por
dotar la vida e inteligencia a seres hechos de metal; conocemos su forma de
jugar con los secretos de la vida y de la muerte. Por esto de que te estoy
hablando, Keylo, es peor, porque no lo conocemos, porque es invisible, y porque
mientras esté ahí, impedirá que las cosas cambien.
KEYLO:
(desorientada) Yo… no comprendo lo que quieres decir, Madre Blanca.
MADRE BLANCA:
(con una leve sonrisa) Es muy pronto para que lo comprendas. Sin embargo, has
de saber que Tara busca desde el tiempo una solución, y creo que la ha encontrado.
He tenido una visión, hija.
(Keylo se
reincorpora y mira a la anciana interrogante)
MADRE BLANCA: (sacando
un tubo) Tú serás mi mensajera en estos días inciertos, Keylo. Tu misión es
llevar esta misiva lejos de este templo, a través de los Páramos…
KEYLO: (exclama
alucinada) ¿Adónde?
MADRE BLANCA:
Al Templo Primero de Mannawinard, a la Sacerdotista Kea en persona.
KEYLO:
(sorprendida) ¡Mannawinard!
MADRE BLANCA:
(asintiendo) Sé que es un viaje largo y peligroso, sé que tendrás que atravesar
los Páramos, que tal vez te tropieces con los urbanitas, sé que eres una de las
más jóvenes de la Orden… pero también sé que no hay nadie tan preparado como
tú.
KEYLO:
(seriosa) ¿Es importante el mensaje, Madre Blanca?
MADRE BLANCA:
(con una serena sonrisa) Es vital para el futura del mundo.
KEYLO: (pálida)
Espero estar a la altura de la importancia de la misión, Madre Blanca.
MADRE BLANCA:
Estoy convencida que lo estarás, Keylo. Pero no te preocupes; no vas a partir
sola.
(La Madre
Blanca alza las manos y le da un medallón redondo a Keylo)
MADRE BLANCA:
Debes partir. Estaré bien; tus veintitrés hermanas de la orden cuidaran de mí.
(Keylo se
arrodilla para recibir la bendición de la Madre Blanca)
KEYLO: No te
defraudaré, Madre Blanca.
MADRE BLANCA: Parte sin miedo, hija. Tara estará
siempre contigo, pero debes estar atenta y escuchar su voz en tu corazón. No
desoigas el mensaje de Tara, Keylo, Porque ella verá con claridad cuando tus
sentidos estén perdidos en las tinieblas. Porque Tara, el mundo y tú sois una
sola cosa.